Wednesday, July 21, 2010

GOLPE DE ESTADO EN LA HABANA



Después de casi dos años de estancamiento tras el "traspaso" oficial del poder de Fidel Castro a su hermano Raúl, los acontecimientos parecen precipitarse.


Un prisionero político, Zapata Tamayo, se inmola en una huelga de hambre.


La muerte de Zapata arroja luz sobre las Damas de blanco, un movimiento de mujeres que, desde hacía 6 años, protestaba pacíficamente por las calles de La Habana todos los domingos.


Las Damas de blanco sólo piden la liberación de sus familiares presos de conciencia, sobre todo, los 75 disidentes que habían sido condenados a largas cadenas en prisión en el 2003, durante lo que se conoce como la "primavera negra". Sólo eso.


Finalmente, un opositor llamado Guillermo Fariñas decide continuar el ejemplo de Zapata Tamayo y se declara en una torturante huelga de hambre poniendo su salud y su vida al borde del colapso para solicitar la liberación de los presos políticos.


Durante meses, la situación se caldea en Cuba.


Los medios internacionales comenzaron a divulgar la versión de que la Iglesia católica cubana había iniciado negociaciones con el gobierno de Raúl Castro para la liberación de los presos. Esto es falso.


En realidad, el régimen de los Castro había sido quien había solicitado la intervención de la Iglesia (a través de su "amiguito" el cardenal Jaime Ortega) y del gobierno aliado de España (por medio del afectuoso canciller Miguel Ángel Moratinos) para que le sacaran las castañas del fuego.


El cardenal Ortega, incluso, hizo una repentina y sospechosa visita a los Estados Unidos para "informarle a las autoridades" sobre el proceso de excarcelación de los prisioneros cubanos sin siquiera hacerle una visita a sus correligionarios en este país.


La protesta pacífica de las Damas de Blanco, de Zapata Tamayo y Fariñas había dado resultado.


Nadie había pedido ni democracia representativa ni pluripartidismo ni respeto a los derechos humanos ni apertura económica ni política ni de expresión ni de viajes ni de Internet.


Nadie había pedido la devolución de propiedades ni compensación económica ni representación política.


Nadie había disparado un tiro ni puesto una bomba ni había conspirado para cometer sabotajes o atentados políticos.


No había habido una infiltración de comandos o armas o equipos de comunicación.


Nadie había recibido dinero de ningún gobierno extranjero ni había escrito ningún blog por Internet.


No había cómo declararlos terroristas ni agentes de la CIA ni siquiera divulgadores de "propaganda enemiga".


Las Damas de Blanco, Zapata Tamayo y Guillermo Fariñas, a costa de sacrificios casi supremos, habían dado en el clavo.


Sin embargo, cualquiera diría que era una victoria para la oposición a la tiranía castrista y un fracaso para esta.


Error.


Desde el incumplimiento desastroso de la zafra de 1970, que costó al país esfuerzos y carencias ingentes, Fidel Castro había descubierto la fórmula mágica de "convertir el revés en victoria".


En los países totalitarios donde predomina la censura y el control absoluto y la manipulación de la información, es muy fácil distorsionar los hechos. Esta operación es mucho más efectiva cuando los medios y muchos gobiernos e instituciones internacionales aceptan sin reservas la información que emana de los órganos propagandísticos de semejantes regímenes.


La dictadura de los Castro ha salido del barro con las plumas impolutas.


Con poquísimas y honrosas excepciones, gran parte de los medios internacionales y muchos gobiernos coinciden con la propaganda castrista en que los prisioneros liberados son simples presos comunes que han sido excarcelados "por cuestiones humanitarias".


El "presidente" de la Asamblea Nacional cubana (el amañado "poder" legislativo nacional), Ricardo Alarcón, declaró recientemente que el estado cubano estaba en disposición de liberar todos los presos que no hayan cometido "crímenes de sangre". Con ello, desmentía tácitamente que hubiera prisioneros políticos o de conciencia en la Isla.


El presidente Brasil, Ignacio "Lula" da Silva, con gran desparpajo, calificó a Zapata Tamayo de vulgar delincuente y el gobierno de Zapatero ha recibido en semejantes condiciones a los presos deportados a suelo español, hacinándolos con sus familias en miserables hoteluchos, donde están casi prisioneros por carecer de recurso económico ni representación legal algunos.


Ahora, hasta el gobierno norteamericano ha expresado, contrario a sus principios migratorios, que no les dará tratamiento especial alguno a los presos excarcelados.


Para colmo, el exilio histórico ha guardado y aún guarda un vergonzoso silencio respecto a los opositores liberados y hasta personalidades del mismo como Carlos Alberto Montaner tratan de justificar la conducta del gobierno español y la Iglesia cubana, minimizando la importancia de los excarcelados para la lucha contra la tiranía.


En resumen, la dictadura castrista ha salido una vez más victoriosa.


La excarcelación y deportación de los luchadores por los derechos humanos le ha abierto una brecha a la "posición común" de la Unión europea con respecto al régimen de la Habana y hasta en el Congreso de los EE.UU. se está produciendo una fuerte ofensiva por el levantamiento de las sanciones contra aquel.


Y, en medio de toda esta tormenta, el ave Fénix renace de sus cenizas.


Como viejo manipulador de la opinión pública e internacional, y sabiendo muy bien el "palo" noticioso que significaría su reaparición física, Fidel Castro vuelve a la vida pública.


Y lo hace de la forma más espectacular posible.


Para llamar la atención sobre sí, opacando incluso el momento más candente del mundial de fútbol en Sudáfrica, el comandante en jefe comienza a lanzar desde su bunker hospitalario "reflexiones" apocalípticas sobre el "peligro inminente" de un holocausto nuclear que involucraría Irán y Corea del Norte.


Más sabe el diablo por viejo que por diablo.


Cuando la ridícula predicción toma protagonismo en los medios internacionales, el anciano dictador cubano hace una sorpresiva aparición pública y continúa apareciendo durante cinco días consecutivos.


Con total desfachatez, Fidel Castro auguraba el desencadenamiento de un conflicto bélico entre EE.UU. e Irán y Corea del Norte tan pronto como terminara el evento deportivo sudafricano.


Tan provocativa es semejante afirmación que el canciller iraní debe apresurarse hacer nerviosas declaraciones públicas para desmentir al pretendido "exgobernante" cubano.


Entonces, con total desenfado, Fidel Castro les echa la culpa a sus asesores de haberle entregado información inexacta y sigue con su interminable y caótico monólogo senil como si nada hubiera ocurrido.


En realidad, lo que menos importaba era el contenido de las declaraciones del viejo comandante en jefe.


Fidel Castro, sencillamente, necesitaba llamar la atención sobre sí, minimizando el proceso de excarcelación de los prisioneros políticos y demostrando una vez más que nunca abandonó el poder, que su hermanito menor es sólo su muñeco de ventrílocuo y que todo ha sido resultado de su talento manipulador y conspirador.


Fidel Castro, así, le dio un golpe de Estado a su hermanito Raúl.


El viejo tirano siempre utilizó el método de ser oficialista y opositor sucesivamente. Oficialista, cuando ordenaba planes descabellados e incumplibles. Opositor, cuando salía con la espada flamígera a cortarle la cabeza a aquellos "poco revolucionarios y traidores" que habían sido incapaces de cumplir con los planes revolucionarios del pueblo.


El anciano dictador cubano, con sus últimas apariciones, demostró que no había sido Raúl quien había llamado al dudoso cardenal Ortega y menos comprensible canciller Moratinos para ponerlos al servicio de su política exterior y hacer, incluso, a la secretaria de estado norteamericana, Hillary Clinton, "alabar" la posición del gobierno cubano.


Una vez más, el pueblo cubano pierde, los derechos humanos pierden, la libertad y la democracia pierden.


Como decía Akira Kurosagua: los malos duermen bien.



Thursday, July 15, 2010

AMARGA LIBERACIÓN



Los primeros siete prisioneros políticos cubanos liberados llegaron hace pocos días a España.

Según el señor Miguel Ángel Moratinos -el controversial canciller español-, los recién llegados a Madrid constituyen el primer grupo de 52 presos políticos que serán liberados por el gobierno cubano en los próximos cuatro meses como resultado de las "negociaciones" entre el régimen de la Habana, la iglesia católica y el gobierno de España.

Los presos políticos que han sido y serán excarcelados, en primera instancia, son aquellos que han aceptado abandonar el país. El gobierno, la Iglesia y el canciller español niegan que esto sea una deportación en vez de la excarcelación, pero se parece demasiado a lo que hacían en el siglo antepasado los colonialistas españoles con los independentistas cubanos.


Varios presos políticos, encabezados por el Dr. Oscar Elías Biscet, demostrando una valentía y una firmeza ejemplar –permanecer en las cárceles medievales cubanas es literalmente insoportable-, se han reusado a expatriarse, por lo que su liberación está aún en suspenso. Es posible asegurar que estos jamás sean excarcelados a pesar de las afirmaciones del gobierno cubano, Moratinos y el cardenal Jaime Ortega.


Lo ocurrido, en realidad, no significa una liberación de prisioneros, sino del gobierno de Fidel Castro de la incómoda carga de opositores políticos en las cárceles (que puede volver a llenar) y en las calles (que tendría que volver a vaciar), así como de la protesta silenciosa de las Damas de blanco y de los huelguistas de hambre como Zapata Tamayo y Guillermo Fariñas, los verdaderos detonantes de este proceso.


Todo, en realidad, ha sido una componenda entre el régimen castrista, la Iglesia y el gobierno español, a instancia del primero, para aportarle argumentos a Madrid para que gestione la eliminación de la llamada "Posición común" de la Unión europea en contra la dictadura de La Habana.


Los cubanos excarcelados no han sido recibidos por el gobierno español como refugiados políticos ni como turistas ni como ninguna de las categorías migratorias. Flotan en un nimbo legal con impredecibles consecuencias.


A su llegada, los excarcelados fueron alojados en un hotel de mala muerte en las afueras de Madrid, en el corazón de uno de los peores barrios obreros, sin comercios de tipo alguno alrededor. Los mismos han sido hacinados en habitaciones de tres y cuatro camas, recalentadas por el sol y el viento sahariano del verano español, y con sólo un baño compartido con apenas dos duchas en cada planta.


Algunas fuentes precisaron que, gracias a la gestión de algunas ONG, los expatriados serán reubicados bien lejos de la capital española para barrerlos bajo la alfombra.


Como ha ocurrido con otros exprisioneros políticos cubanos que han sido enviados a España con anterioridad directamente desde la cárcel, los presos liberados que acaban de llegar a la península deberán enfrentar la durísima situación económica que sufre ese país sin apoyo alguno del gobierno español a pesar de haber arribado sin recursos económicos ni relaciones de tipo alguno.


Los prisioneros cubanos no pueden esperar ayuda alguna.


A pesar de que el gobierno de La Habana ha apoyado históricamente a los terroristas de la ETA y le ha robado millones a los no tan ingenuos inversionistas españoles en la Isla, el gobierno español persiste en mostrar su rostro más amable a la dictadura castrista, despreciando a su oposición.


El gobierno de Zapatero, no cabe dudas, íntimamente, acepta la calificación de delincuentes con que el gobierno de Castro ha definido a sus prisioneros políticos, al igual que el presidente Lula de Brasil, quien declaró públicamente su completo desprecio hacia el prisionero Orlando Zapata Tamayo, cuando este se inmoló por la libertad de Cuba.


Del gobierno de Zapatero y de la gestión de su carísimo canciller Moratinos es posible esperar cualquier cosa.


El pasado año, el presidente de la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR), Luis Pardo, lamentó las declaraciones de Moratinos, quien había opinado en su visita a Caracas que el nivel de libertad de expresión en Venezuela era "satisfactorio" y que allí existe "un sector de medios de comunicación muy crítico con Chávez"


Pero esto no es lo más deplorable.


Lo más lamentable no es la actitud de la tiranía castrista ni del gobierno español, que, en definitiva, con su labor, aunque a favor de aquella y no en las mejores condiciones, ha permitido la liberación de un grupo importante presos políticos, si bien no todos, ni siquiera la mayoría.


Lo realmente deplorable es absoluta la indiferencia del exilio cubano en Estados Unidos hacia los prisioneros liberados.


A España, no ha viajado ni la más reducida representación de la oposición cubana en el exilio, ni un solo periodista o comunicador, ninguna representación de los medios de Miami, a tenderles la mano a nuestros héroes.


No ha habido ni una colecta ni una marcha ni una reunión.


¿Por qué Saavedra no está con su cilindro frente al consulado español, protestando por el trato dado a nuestros hermanos? ¿Por qué la calle ocho y la Pequeña Habana están tan tranquilas? ¿Por qué nadie agita ninguna bandera cubana frente al Versalles?


A España no ha ido ni irá un solo centavo de los millones de dólares con que el gobierno norteamericano ha ayudado a las organizaciones cubanas en el exilio. Buena parte de los cuales debería haber llegado a las manos de opositores y los familiares de los prisioneros políticos en la Isla.


Contrasta la actitud del exilio con respecto a esta nueva generación de opositores y la recepción dada a los desertores del ejército, la seguridad del estado y las diversas instituciones de la tiranía cubana.


Los "desertores" de la tiranía castrista, tras disfrutar de las prebendas de esta gracias a su "lealtad" al mismo en contra el resto del pueblo, al llegar a Miami, en cambio, han sido recibidos casi como héroe y estrellas mediáticas. Sus "revelaciones" en los medios no han aportado absolutamente nada a la lucha contra la dictadura, con excepción la "indignación" de un exilio desconectado de la realidad de su patria.


Es que la presencia de estos prisioneros, tanto los que literalmente deportan a España, como los que valientemente se negaron a salir de la Isla, le echa en cara al exilio la futilidad de su "lucha" en los últimos cincuenta años.


Un por ciento altísimo de las acciones del exilio, es doloroso reconocerlo,- aunque también hayan aportado su cuota de mártires y prisioneros-, ha ayudado desgraciadamente a la preservación del régimen cubano, justificando su fachada de "plaza sitiada" y, por tanto, la militarización de la nación, el aislamiento y la censura absoluto, la represión y el control total de cada ciudadano.


Todo ello sólo ha demostrado que el odio, el ansia de venganza, la violencia y el terrorismo no pueden derrotar a la tiranía. Esta se alimenta de todo ello, fortaleciéndose y creciendo cada día más, sobre todo en el ámbito internacional. Más aún, el propio régimen ha provocado muchas de tales "agresiones", ya sea a través de sus agentes infiltrados en los grupos opositores u orquestados en operaciones secretas de la propia Seguridad del estado cubana.


En cambio, el régimen ha sido incapaz de resistir la batida de la resistencia pacífica y la desobediencia civil de las damas de blanco, los huelguistas de hambre, los objetores de conciencia y los luchadores por la democracia y el estado de derecho en su propio patio. Por ello, la tiranía castrista se ha visto obligada a recurrir a sus afectos de la Iglesia y el gobierno español para alejar lo más posible a los protagonistas de la nueva oposición, para enviarlos a un exilio donde sabe, por experiencia, que quedarán completamente anulados e ignorados.


La experiencia de 50 años de lucha contra la tiranía cubana nos ha enseñado que los verdaderos protagonistas de la oposición son principalmente los disidentes internos, no el exilio.


Es cierto que muchas organizaciones opositoras internas (y exiliadas) han sido penetradas y controladas por la seguridad cubana. Sin embargo, a pesar de la represión y el control casi total, ha habido hombres y mujeres que han logrado superar todos los obstáculos y se han hecho oír.


Por lo tanto, la única forma de ayudar a la causa de la libertad de Cuba es apoyar a la oposición interna con todos los recursos y divulgar internacionalmente sus acciones.


Es necesario, por tanto, repensar la lucha contra el régimen de Fidel Castro.

Tuesday, July 13, 2010

EL DIABLO CAÍDO DEL CIELO


Ahí está, no importa si el programa televisivo fue grabado, editado y trabajado con los más refinados efectos especiales.

Menos importa si habló de asuntos totalmente intrascendentes y torcidos, dando, como de costumbre, la visión alternativa y contestataria a la versión mediática internacional de los acontecimientos.

Su sola aparición opacó la recién concluida Copa mundial de fútbol -escamoteándo la victoria española-, el derrame de petróleo y el desastre ecológico, los atentados de Uganda, las guerras de Iraq y Afganistán, la crisis económica, el derretimiento de Grecia, España y Portugal, el canje de espías rusos, el desenmascaramiento de Ingrid Betancourt, la muerte de Olga Guillot, la deportación de los presos políticos cubanos y muchas cosas más.


Apocalíptico, como de costumbre, en vez de hablar de cualquier cuestión relacionada con la Isla, Fidel Castro, en su sorpresiva aparición pública, se dedicó a balbucear sobre una hipotética guerra de Estados Unidos con Corea de Norte e Irán, adoptando los insostenibles puntos de vistas de estos.

A despecho de su senilidad, su rara camisa a cuadros –más parecida a un pijama-, su abrigo invernal en pleno verano, los muebles imposibles para los estudios de la televisión cubana.

Su presencia demuestra el fraude del "traspaso de poderes" a Raúl -declarado por su gran hermano como un perfecto inútil a los curas del colegio Belén- y significa una bofetada en pleno rostro a todos los "profetas" que auguraron que Raúl Castro era el posible portador del cambio, la negociación, la apertura y todas las sandeces que pueden ocurrírseles a todos los que hablan con desconociendo absoluto del tema cubano.

Fidel Castro sigue al mando y cada una de las cosas que ocurren en la Isla y fuera de ella que estén en relación con la misma, continúan controladas por él. Su decrepitud se refleja en la ruina del país, su debilitamiento en el estancamiento herrumbroso de su economía, la desintegración de sus instituciones, la inmovilidad de su vida social y su política exterior, y hasta la declinación del exilio cubano.


La Isla, convertida en país se zombies, se ha limitado a succionar, como su anciano amo en su lecho de muerte, el escaso subsidio que Venezuela, Brasil, Rusia, China, España y hasta Estados Unidos le suministran en pequeñas dosis para que agonice pero sin que termine sus miserias.

Fidel jamás permitió que nadie tuviera el más microscópica capacidad de decisión en Cuba. Sus ministros, sus jefes militares, sus ideólogos, sus policías mayores son sólo sus secretarios personales y sus edecanes en cada uno de los aspectos de su desastroso gobierno. Él ha sido y aún es quién tiene la primera y la última palabra en todo, y todas las intermedias porque, jamás, ha permitido a nadie emitir una opinión distinta a la suya ni mucho menos oponérsele.

Ahora, que el Comandante en jefe carece de la energía y la imagen que, medios internacionales mediantes, lo convirtieron en una figura de talla mundial, hace un inteligente mutis para continuar dirigiendo al vertedero en que ha convertido su isla personal a través de ese muñeco de ventrílocuo que es su hermano menor.

Raúl Castro, que ahora aparentemente"ejerce" el poder en la Isla, jamás tuvo libertad de acción alguna. En su juventúd, se limitó a seguir a su hermano mayor como perro faldero.


En los inicios de su carrera política, con la vista larga que siempre ha demostrado, Fidel Castro sabía que era demasiado temprano y riesgoso para sus objetivos codearse con los comunistas. Sin embargo, tampoco podía desvincularse a los mismos. Por ello, le ordenó a Raúl que ingresara en la Juventud socialista, -brazo juvenil del PSP (partido Socialista Popular), eufemismo con que se autodenominaba el Partido comunista cubano de entonces- y hasta lo envió al Festival de la Juventud y los Estudiantes inmeditatamente antes del asalto al cuartel Moncada en julio de 1953.


Durante la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, Fidel dislocó la columna de Raúl en el traspatio de la propiedad paterna para que sirviera de puerta trasera por donde entrarían los comunistas en el momento adecuado. Eso mismo hicieron después del fracaso de la huelga de abril y, por tanto, del movimiento alternativo al liderazgo del comandante en jefe en la lucha contra la dictadura de Batista.

En octubre de 1959, desaparecida la incómoda figura de Camilo Cienfuegos y encarcelados algunos comandantes de la Sierra desleales, Fidel puso a Raúl, simultáneamente, al frente del ministerio y la jefatura de las Fuerzas Armadas, violando la ley fundamental de 1959 como sucedáneo de la Constitución de la República, para también abrirle la puerta a comunistas y soviéticos.

Es absolutamente increíble que Fidel Castro dejara el ejército rebelde, la institución más importante para la preservación del su poder, en manos de su inútil hermanito.


Todos los "logros" (algunos reales, la mayoría ficticios) de Raúl -general que jamás pasó academia alguna ni partipó en ninguna batalla, excepto para salir corriendo- frente a las Fuerzas Armadas fueron exclusivamente siguiendo las detalladas órdenes de su gran hermano.


La "lucha contra bandidos", Bahía de cochinos, la crisis de los misiles, las guerras de Argelia, Angola, Etiopía, el Yemen y todas en las que estuvieron involucrados los cubanos, los experimentos económicos, el apresamiento y proceso del General Ochoa y sus secuaces, todo, absolutamente todo fue ordenado y dirigido personalemente por Fidel Castro.


Raúl sólo ha fungido de antifaz para aquellas acciones que Fidel Castro ha cosiderado que pudieran lesionar su imagen política.


El verdadera papel de Raúl ha consistido en "sustituir" al comandante en jefe en situaciones insignificantes o, sobre todo, en las más comprometedoras para la imagen "incorruptible" e "intransigente" de su hermano. Así, asumió el papel de gran represor, persiguiendo, encarcelando, torturando y fusilando a miles de personas, aunque fuera Fidel quien, en realidad, tenía el poder sobre la vida o la muerte, la libertad o la prisión de cada reo.

En 1989, Raúl fingió ser el acusador principal del general Ochoa y, en el 2001, le ofreció a los militares norteamericanos en la base de Guantánamo -que tantas veces Fidel había reclamado como usurpada por el enemigo del norte- toda la cooperación para evitar la fuga de cualquier prisionero islámico. Fidel sabía muy bien que ambas cosas redundarían en detrimento de su prestigio, por ello encomendó a su hermanito a encargarse de dar la cara en los trabajos sucios.

Raúl jamás se atrevió a tomar decisión propia alguna, por ello, apareció tan escasamente en público desde el comienzo de la enfermedad de Fidel e, incluso cuando pretendidamente "asumió" la presidencia de la república. Es posible que su hermano fuera incapaz de darle las órdenes correspondientes y él, carente de toda iniciativa, fuera incapaz o tuviera miedo de tomar decisiones. También es probable que Fidel le haya prohibido abrir la boca durante los momentos en que se encontrara totalmente incapacidado.


Ha sido Fidel, desde su lecho de enfermo, quien ha ordenado la sustitución y destitución sistemática del "relevo generacional" (Lage, Pérez Roque y comparsa) por "combatientes históricos" sacados del retiro, la "Primavera negra" y las "negociaciones" con la Iglesia y el gobierno español para deportar a algunos prisioneros políticos a cambio de la supresión de la "Posición común" europea.


No ha sido Raúl sino siguiendo instrucciones precisas de Fidel quien se ha ofrecido a realizar conversaciones con el gobierno de los Estados Unidos.


Ahora, al cabo de tanto tiempo que ya nadie ni se preguntaba si estaba vivo o muerto o si había sido un fantasma de un pasado que nadie queria recordar, aparece hablando lo que le viene en gana para subrayar que sigue ahí, con todo bajo control, a pesar de que hace veinte años terminó la guerra fría que le dio presencia internacional y que la inmensa mayoría de sus compañeros de ruta, tanto nacionales como internacionales, amigos y enemigos, han desaparecido hasta de la historia.


Sí, aunque diezmado el cuerpo y el espíritu, ha salido victorioso contra el tiempo. la edad y la enfermedad, ante los Estados Unidos, la Unión Soviética y la Unión Europea, los gobiernos latinoamericanos y los africanos, en la guerra fría como en la guerra contra el terrorismo.


Ya así, ha salido incólume ante todas las acusaciones de tirano, asesino y torturador, de narcotraficante, traficante de armas y tráfico humano -que incluye desde inmigrantes, pasando por prostitutas hasta órganos y el plasma sanguíneo de las donaciones voluntarias del pueblo-, de jefe internacional del terrorismo y de guerrilleros en tres continentes, de haber provocado destrucción, muerte y sufrimiento a diestra y siniestra.

Nada ha sido capaz de empañar su imagen con que tanto celo han cultivado durante cincuenta años los medios internacionales, los movimientos izquierdistas, los gobiernos de América Latinaa y Europa y los intelectuales sin el menor ápice de responsabilidad social.


Un compatriota, entre en broma y confundido, me decía que, en verdad, a pesar de haber devastado la Isla y desintegrado la nación que lo vieron nacer, a veces no sabía si odiarlo o admirarlo.

Wednesday, July 7, 2010

EL CUENTO DE LA BUENA PIPA. LAS TRAVESURAS DE BP Y LA INFINITA PACIENCIA DE WASHINGTON (PRIMERA PARTE)





El 31 de marzo del 2010, el presidente norteamericano Barak Obama levantó las restricciones a las perforaciones petroleras submarinas. Veinte días más tarde, el 20 de abril, la plataforma petrolera Deepwater Horizon de la BP hizo explosión y se hundióen el Golfo de México, causando la muerte a 11 de sus ocupantes y heridas a otros 17.


La plataforma, que aún estaba en la fase de exploración, había roto el record de perforación al excavar el pozo petrolero submarino más profundo (30,000 pies o 9.1 km) a tales profundidades (más de 4,000 pies o 1.5 Km bajo el nivel del mar).


La cuestión consiste en que, desde su anclaje en el lugar, la Deepwater Horizon había sufrido múltiples accidentes.


Del 2000 al 2010, se había reportado 16 incendios menores y otros incidentes.


En un accidente no reportado, previo a la explosión de la plataforma, el BOP (Blow Out Preventer o protector contra explosiones), equipo de seguridad obligatorio para toda plataforma petrolífera, se había dañado y estaba desactivado en el momento del siniestro.


El protector contra explosiones (BOP) de la Deepwater Horizon era un dinosaurio de 325 toneladas y $15 millones, instalado en el fondo del Golfo -a 4,132 pies (1,259 m) de profundidad- para controlar la presión del gas y el petróleo y cerrar el flujo de estos si algo salía mal.


Si hubiera funcionado correctamente, el BOP hubiera impedido que el gas subiera por la tubería a la plataforma con demasiada presión. Esto fue precisamente lo que provocó la explosión de Deepwater Horizon.


Sin embargo, no todo se redujo a una falla técnica sino que fue resultado de una combinación criminal de inconsciencia, avaricia, estupidez e incapacidad.


Las causas del accidente de Deepwater Horizon estaban mayormente relacionadas con a una larga cadena de violaciones de la seguridad que BP había cometido.

Según Newsweek, una investigación del Congreso encontró que en el BOP había una batería muerta, que destilaba ácido sobre el sistema hidráulico.


Un trabajador de la Deepwater Horizon recientemente reveló a la BBC de que él y otros de sus compañeros habían identificado semanas antes del accidente la fuga de la batería en una consola de control del BOP.


De acuerdo con el informe del Congreso, los funcionarios de BP en el sitio, para ahorrar tiempo y dinero, animaron a los trabajadores a seguir adelante sin cambiar la batería.


El problema sobrevino cuando el taladro de la plataforma perforó finalmente el embalse de hidrocarburo y comenzó a bombear petróleo.


Según las normas de procedimiento del trabajo, el mecanismo de prevención de explosiones (BOP) controlaría el flujo de petróleo y gas para mantenerlo estable si algún imprevisto ocurría. Sin embargo, como no había comunicación entre la plataforma y el BOP, sólo se podía rezar por que no ocurriera semejante imprevisto.


Como era de esperar, el imprevisto ocurrió.


En el momento en que las almohadillas de goma que deben sujetar la tubería estaban ya ceñidas alrededor de esta, un técnico de la plataforma golpeó accidentalmente una palanca. Esta movió la tubería unos 15 metros hacia arriba, dañando la tubería y las almohadillas de goma.


El ingeniero Mike Williams, en su entrevista del programa "60 Minutos", reveló que pedazos de goma del mecanismo de fijación de la tubería comenzaron a emerger desde las profundidad con un poco de petróleo. Ello preocupó a varios trabajadores de la plataforma. Pero, no había manera de saber qué ocurría en las profundidades del Golfo ya que, mucho antes, como hemos dicho, la batería que alimenta el sistema de comunicación entre el BOP y la plataforma había dejado de funcionar. Debido a ello, los trabajadores no podrían controlar cualquier problema que pudiera ocurrir.


Aún, en estas condiciones, los ejecutivos de BP siguieron presionando para que los trabajadores continuaran la perforación. Así ocurrió hasta que el taladro atravesó una corriente de petróleo y gas metano a 30,000 pies de profundidad del lecho marino. Fue entonces cuando el BOP fue incapaz de regular la presión de salida del gas y el petróleo, y se produjo la explosión de la plataforma del Deepwater Horizon.


Todo indica que BP avanzó a toda costa de cabeza hacia el peligro, arriesgándolo todo -la vida de sus trabajadores y las posibilidades de provocar la catástrofe ecológica actual- por obtener la mayor cantidad de ganancias a como diera lugar.


Por todo ello, la BP podría ser culpable de una negligencia criminal.


Sólo una pregunta surge de toda esta historia:


Después de todos los accidentes ocurridos en las instalaciones de BP, como veremos a continuación, y de sus daños irreparables al medio ambiente y a la salud de los norteamericanos, causados por la irresponsabilidad y la falta de sinceridad de BP, ¿cómo es posible que el gobierno norteamericano no haya tomado medidas contra esta compañía poniéndola bajo el control de la Agencia de Seguridad Nacional, la FEMA y/o la Secretaría de Defensa?


Lo más perturbador de todo es que el gobierno sigue sin disponerse a tomar medidas contra la BP y, ahora mismo, Tony Hayward, su jefe ejecutivo, está disfrutando de delicias de las mil y una noches con las que el príncipe de Abu Dhabi lo está agasajando para compartir un jugosísimo contrato con ese emirato árabe.

Wednesday, June 2, 2010

LA REFORMA MIGRATORIA Y LA CRISIS DEL ESTADO DE DERECHO



La reforma migratoria se ha convertido en un campo de batalla en el que se enfrentan las más diversas tendencias en la más complicada de las oposiciones. Ni la intensa lucha por los derechos civiles en EE.UU. entre los 50 y los 70 había provocado tal fragmentación de la nación y sus instituciones. Este es un conflicto triangular, en el que chocan, por una parte, la enorme y creciente población de inmigrantes ilegales; por otra, el grupo de ciudadanos norteamericanos más conservador, aislacionista e intransigente, y, por último, el propio sistema político norteamericano.


En realidad, la lucha por la reforma migratoria es la punta del iceberg de las contradicciones que ha sacado a la luz la profunda crisis económica que enfrenta hoy día el proceso de globalización y del nuevo orden mundial cuyo epicentro es la propia economía y sociedad norteamericanas.


Ahora, en EE.UU., el país originario de la democracia y el estado de derecho, parece ser que una cosa es la justicia, otra los derechos humanos, otra muy distinta la ley. Si de ello, se separan entre sí el sistema judicial y las fuerzas policiales, entonces, el individuo se halla en completa desventaja ante el sistema y este pierde su esencia.


Según los preceptos más conspicuos de la democracia y el estado de derecho, los poderes del estado deben estar divididos para evitar la dictadura, la arbitrariedad y la ilegalidad, y para defender al ciudadano de las instituciones estatales y de todo tipo, a las minorías de las mayorías y al débil del poderoso.


El poder legislativo debe ocuparse exclusivamente en producir las leyes sobre las cuales debería funcionar el sistema establecido por la constitución. El sistema ejecutivo, debe administrar la nación dentro del marco de esas leyes y constitución.


El poder judicial debe velar por que el poder ejecutivo y el resto de las instituciones y ciudadanos realicen su libertad cumpliendo con las leyes y la constitución. Este es el paradigma soñado por los pensadores de la ilustración y los padres fundadores de esta gran nación en sustitución de las monarquías tiránicas y las metrópolis coloniales.


En un estado democrático y de derecho, el sistema judicial es el corazón, su razón de ser. Un juez debe tener el poder suficiente como para sancionar a cualquier ciudadano, institución o decreto desde el más alto funcionario del gobierno hasta el más bajo y remoto ciudadano si trasgrede los límites impuestos por la ley. Por ello, debe estar despojado totalmente de ideologías o prejuicios políticos, étnicos, religiosos, sexuales, nacionales o de cualquier tipo para mantener su imparcialidad por encima de todo.


La absoluta imparcialidad del sistema judicial es el espíritu del estado de derecho. Sin aquel, este no puede funcionar.


Cuando el sistema judicial se fragmenta, se complica se politiza y se ideologiza, todo el sistema se resiente. Predominan entonces las injusticias, las ilegalidades, las violaciones a los derechos ciudadanos y humanos, se desnaturaliza la democracia y el derecho.


Si, el sistema de un estado de derecho se desintegra, renacen con fuerza los problemas para cuya solución fue precisamente creado ese estado. Así, en torno a la reforma migratoria, han reaparecido problemas como el racismo y otras formas de la violación de los derechos humanos, no sólo por parte de grupos independientes sino desde dentro del mismo sistema gubernamental.


Un juez parcializado, prejuiciado, racista y extremista, que anteponga sus odios y sus fobias a la ley y el derecho, es un cáncer en el corazón del estado de derecho. Y, si este juez apoya a autoridades policiales con semejantes sentimientos, tenemos una máquina represiva medieval dispuesta a ensañarse en los derechos de los ciudadanos comunes. Si jueces y policías, a su vez, se afirman en una base social con semejante ideología, el sistema creado para asegurar la justicia social se transforma en una maquinaria de la injusticia. Los jueces, la policía y los gobiernos estatales se parcializan, poniendo odios y prejuicios por encima de la ley, los derechos y la democracia. Resurge así la arbitrariedad.


Las víctimas de la parcialidad y la arbitrariedad, se parcializan a su vez, alejando cada vez más la posibilidad de la negociación y la justicia. A medida que son perseguidas y reprimidas, tiende al extremismo, a la violencia y la ilegalidad. Su lucha por sus derechos en el marco de la legalidad y la democracia se transforma así en una reacción anárquica, violenta, caldeada por el odio y el espíritu de venganza.


Según ciertas creencias, las contradicciones son los motores del progreso y es posible que la lucha por la reforma migratoria sea el campo de batalla de donde surja un país más democrático, más abierto, más inclusivo y más progresivo. Sin embargo, esta es una noción demasiado abstracta para englobar todos los problemas de este país en medio de la crisis económica y social a la que se enfrenta. (Continuará)

Thursday, May 20, 2010

EL AVIONAZO DE BARBADOS Y EL FRAUDE ELECTORAL CUBANO*



Como vimos, Fidel Castro había inclumplido sistemáticamente los compromisos económicos con la URSS y se había opuesto a la política exterior soviética. Ello motivó al Kremlin a eliminarle los suministros desde 1968**.


En enero de 1972, Castro fue de rodillas a Moscú, dispuesto a darle a los soviéticos lo que le pidieran a cambio del restablecimiento del subsidio ruso a su gobierno. El Politburó le exigió entonces al líder cubano la entrega total de la Isla bajo la forma de su integración al bloque de colonias soviéticas de Europa del este. Así, el derrotado comandante regresó a la Isla con un paquete de medidas dirigido a la implementación de este proceso.


Para la sovietización de Cuba, Fidel Castro debía dar varios pasos. El primero era la restructuración del Partido a imagen y semejanza del partido comunista de la URSS***. El segundo consistía en la imposición de una constitución de la república clonada de la soviética****.


El tercer y último paso para la sovietización completa de Cuba sería la formación de la Asamblea nacional del Poder popular en 1976 como órgano legislativo unicameral y la legitimación de Fidel Castro como máximo representante del gobierno comunista. Sin embargo, la operación estaba muy lejos de ser sencilla.


En 1976, lo largo de los 17 años de revolución, el pueblo había experimentado frustración tras frustración junto a la reducción de sus libertades y el aumento de sus carencias y miserias. La lucha contra la oposición interna y las agresiones del "imperialismo" había terminado a mediados de los sesenta. Desde entonces, la situación económica y material de la población fue empeorándose con el fracaso de cada nuevo experimento económico y social. Ello iba en proporción directa al aumento de la represión y el aislamiento total del exterior.


El arsenal de promesas del Comandante en Jefe se agotaba a medida que tanto el cumplimiento como el incumplimiento de cada una de ellas resultaba en el empeoramiento de la situación del país. El fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas en 1970 –en torno a cuyo cumplimiento, Fidel Castro había levantado expectativas supremas- había sido la tapa al pomo.


Como era lógico, la apatía del pueblo hacia la revolución castrista creció en progresión geométrica con las decepciones. Desde la "ofensiva revolucionaria" del 68, los cubanos protagonizarán una huelga de brazos caídos que ni una brutal ley contra la vagancia será incapaz de combatir hasta nuestros días.

Puede decirse que, a mediados de 1976, el carisma y el prestigio del comandante en jefe se hallaban en su más bajo nivel.

Su ego metagaláctico y la experiencia le dictaban al Comandante en jefe que no podía permitirse una "elección" de su persona para los máximos cargos del país como una mera pantomima más, semejante a todos los eventos recientes como el Congreso de educación y cultura, el XIII Congreso Obrero, el Primer Congreso del partido y la proclamación de la Constitución socialista.

El comandante en jefe necesitaba desesperadamente un factor de unidad nacional extraordinario que lo situara de nuevo en la cumbre del liderazgo nacional en el momento de su proclamación oficial.


La experiencia le había enseñado que un verdadero líder necesitaba un gran escenario con la mayor cantidad de espectadores posibles en el paroxismo del arrebato. Su entrada en la Habana en 1959, los entierros de las víctimas de la explosión del carguero francés La Coubre en marzo de 1960 y del bombardeo a los aeropuertos cubanos en abril de 1961; la creación de los CDR en la noche de las 100 bombas de septiembre de 1960; la velada solemne por la muerte del Che Guevara en 1968 y el recibimiento de los pescadores "secuestrados" en 1970 habían sido sus momentos de gloria en los que había movilizado la nación casi entera incluso contra sí misma. En tales ocasiones, su enrevesada y encendida facundia había logrado encandilar nada menos que a una raza tan sarcástica y perspicaz como la cubana.


El factor de unidad nacional que necesitaba Fidel Castro antes de las elecciones de 1976 debía ser de tal magnitud que obviara todas las frustraciones e infortunios sufridos por los cubanos bajo su gobierno y reviviera las glorias de la década pasada. Y, ese detonante de la unión nacional sólo podría provenir de un gran golpe del "enemigo", que evidenciara una vez más su condición de líder patrio y de comandante en jefe de la plaza sitiada en que había transformado la nación. Por desgracia, tras la crisis de los misiles de 1962, los EE.UU. habían pactado con los soviéticos la no agresión a Cuba. A Fidel Castro se le agotaban los enemigos.


"Casualmente", desde el regreso de Fidel Castro en 1972, las "agresiones" de sus opositores del exilio cubano –tan necesarias para su caudillaje- se habían revitalizado. Las mismas habían ido decayendo hasta casi desaparecer a finales de los 60, erosionando su liderazgo. Sin embargo, desde que comenzó el proceso de sovietización de Cuba, los atentados contra embajadas y oficinas del gobierno cubano en Europa y América latina se fueron incrementando hasta ser casi cotidianas en 1976.

Después de la proclamación -en la fecha patria del 24 de febrero de 1976- de la 12ª República establecida por la Constitución socialista, fue creada la Comisión electoral del Partido. Esta, tras organizar las asambleas de proposición de candidatos a delegados del poder popular, había programado las elecciones para el 10 de octubre –otra fecha patria- de ese mismo año*****. En realidad, el pueblo se había resignado a su suerte y poco le importaba ya que Fidel Castro hiciera elecciones o cantara en la ópera china de Zanja.


Sin embargo, la suerte de los malvados resulta siempre sospechosamente favorable.


Cuatro días antes de las eleccionesa, a Fidel Castro le cae literalmente del cielo –o lo derriba de una pedrada- el tan ansiado factor de unidad nacional.

El 6 de octubre de 1976, el vuelo 455 de la empresa Cubana de Aviación, que viajaba de Barbados a la Habana vía Jamaica, estalla en pleno vuelo con 73 personas a bordo.


Inmediatamente tras el sabotage del BC-8 cubano, la propaganda castrista enloquece, llamando a cerrar filas en torno a la revolución, el socialismo y el comandante en jefe.


La muerte de todo el equipo nacional de esgrima, un grupo de adolescentes que acababa de triunfar en una competencia de nivel mundial, hirió profundamente al pueblo cubano, independientemente de sus sentimientos hacia el gobierno. Nadie en Cuba podía entender cómo alguien pudiera cometer semejante crimen.


Las elecciones del 10 de octubre de 1976 se transformarán en un aplastante éxito de apoyo popular. Cuatro días más tarde, las autoridades venezolanas anuncian la detención de los pretendidos autores intelectuales del hecho, los exiliados cubanos Luis Posadas Carriles y Orlando Bosch. Al siguiente día, el 15 de octubre, en la Plaza de la Revolución, los organos de propaganda del régimen cubano reunirán a más de un millón de cubanos para rendirles tributo a las víctimas del sabotaje de Barbados. En este acto, Fidel Castro aprovecha para erigirse como el máximo representante de la pena y la indignación nacional, declamando aquel versito cursi de "cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla" que hará clamar de dolor y rabia a todo un pueblo. Dos días más tarde, el domingo 17, se realiza la segunda vuelta de las elecciones con la misma participación popular.

Durante las siguientes semanas, la maquinaria propagandística aprovechará todos los ángulos del hecho, sobre todo la actitud de ciertos grupos de la oposición del exilio cubano en Miami. Este, desde 1959, había sufrido continuos fracasos en su lucha contra la tiranía de Fidel Castro y un profundo aislamiento internacional dado el apoyo a la dictadura de todos los enemigos latinoamericanos y europeos de los EE.UU. La única razón de su existencia era la oposición a todo lo que representara a la dictadura castrista y, por contraposición, el apoyo a todo lo que se le opusiera a este. Inmediatamente, algunos grupos del exilio vieron a los presuntos terroristas cubano-americanos como los héroes que tanto había esperado. Ello le dio a Fidel Castro otro motivo para demonizar a su oposición en el exilio ante el pueblo de Cuba y la opinión pública mundial, justificando su liderazgo y la condición de plaza sitiada de la Isla.

El 2 de diciembre de 1976, seis semanas después del sabotage de Barbados, se conmemoraba el vigésimo aniversario del desembarco de Fidel Castro del yate Granma en costas cubanas para comenzar la lucha guerrillera contra la dictadura de Batista. Como es lógico, semejante acontecimiento ya había sido convertido en fecha patria magna por la propaganda castrista. Era la conmemoración idónea para que la flamante Asamblea Nacional la "elegiera" para la proclamación, en sesión solemne, de Fidel Castro como presidente de los Consejos de estado y ministros, y Comandante en jefe de las Fuerzas armadas. Semejante proclamación -que se sumaba a la de secretario general del Buró político por el congreso del partido- "legalizaba" el monopolio absoluto de Fidel Castro sobre el poder en Cuba. El tirano lograba así todos sus objetivos: a saber, la entrega total de la Isla a los soviéticos bajo el disfraz del nacionalismo extremo, la legalización de su gobierno unipersonal, la justificación de su liderazgo, la demonización de sus enemigos y, lo más importante, la restauración del subsidio soviético que tanto necesitaba dada su absoluta incapacidad como administrador y la ineficiencia intrínseca de los gobiernos y las economías comunistas.

En fin, nadie sabe para quién trabaja o, quizá, nadie sabe para quién trabajan algunos.


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*Este es el último comentario de la serie ininterrumpida sobre las elecciones, las estructuras de poder y la sovietización de Cuba por Fidel Castro que comenzamos en este blog con el escrito titulado "Democracia a lo soviético" el 21 de abril de 2010.


**Ver en este blog el comentario titulado "Omnipotencia y omnisciencia del Partido Comunista" del 27 de abril sobre el Partido como la estructura oculta del poder absoluto del gobierno comunista.


***Ibídem.


****Ver en este blog el comentario titulado "El Fraude de la 12ª República de Cuba" del 11 de mayo sobre la imposición en Cuba de una constitución copiada de la soviética para convertir al país en colonia de la URSS.


*****Ver en este blog el comentario anterior titulado "Elecciones a la cubana" sobre el control estricto del partido comunista sobre el proceso electoral cubano.

Tuesday, May 18, 2010

ELECCIONES A LA CUBANA



Hace pocas semanas, comentábamos que las agencias noticiosas como la española EFE y France Press, al cubrir las recientes elecciones en Cuba, repitieron el cliché de la propaganda castrista de que el Partido no escoge los candidatos a delegados y diputados al llamado "Poder popular". .


No es necesario arañar demasiado la superficie propagandística del régimen cubano para comprender que el Partido controla cada paso, cada rincón de la vida de la Isla por insignificante que sea*.


El proceso electoral cubano no es una excepción. Todo lo contrario. El partido toma especial cuidado en el control absoluto del mismo desde su base porque es uno de sus instrumentos fundamentales de propaganda.


El objeto de las elecciones en Cuba está muy lejos de buscar la representación popular en la asamblea legislativa ni la elección de los máximos puestos políticos de la nación. Su único fin es ocultar el verdadero carácter dictatorial, arbitrario e inconsulto del gobierno de Fidel Castro.


En primer lugar, la comisión electoral nacional pertenece al Consejo de Estado, cuyos integrantes todos son miembros del Comité central del partido comunista. Esta comisión es la que convoca a las elecciones, organiza los colegios electorales y es el canal por donde fluyen las cifras de estos a las instancias nacionales.


El llamado Poder Popular en Cuba tiene una estructura muy similar a la de los soviets rusos surgidos durante la revolución rusa de 1905, impuestos por Lenin al triunfar la revolución de octubre de 1917 y remodelados por Stalin para perfeccionar su poder absoluto.


La Constitución socialista de 1976 dividió administrativamente el país en 14 provincias de las 6 que existían originalmente. Cada provincia, a su vez, está dividida en poco más de 10 municipios, lo que hacen 169 municipios nacionalmente. Y, cada municipio está dividido, a su vez, en varias circunscripciones que suman poco más de 600 en todo el país.


Con excepción de la circunscripción, cada instancia de la administración nacional tiene una asamblea del poder popular, a saber, la Asamblea municipal, la Asamblea provincial y, en su cúspide, la Asamblea nacional, el pretendido órgano legislativo de la nación.


A partir de la modificación de 1992 a la Constitución socialista de 1976, la elección de los delegados a las asambleas municipales y de los diputados a la Asamblea nacional (el órgano legislativo del país) se realiza directamente en las circunscripciones.


A nivel de circunscripción, el proceso eleccionario cubano-soviético tiene tres etapas. Primero, la proposición de los candidatos a delegados y diputados en las asambleas de las circunscripciones. Segundo, la divulgación de las biografías de los candidatos en lugares públicos y, tercero, la elección propiamente dicha.


Las asambleas de proposición de delegados a las asambleas municipales y diputados a la Asamblea Nacional se semejan en su forma a la democracia directa de las comunas suizas. Sin embargo, todo es pura apariencia.


Es difícil escapar a las reuniones del poder popular.


Los Comités de defensa de la revolución (los tristemente célebres CDR) tienen la tarea de informar a los centros de trabajo y de estudio –así como a las organizaciones revolucionarias- las ausencias de cada ciudadano a las asambleas de su circunscripción. Esta información es, además, sistemáticamente asentada en el expediente secreto que tiene cada cubano sin saberlo en los archivos del Departamento de seguridad del estado. Es por ello, que la mayoría de las personas asisten a las mismas para evitar cualquier perjuicio a su status laboral, a su carrera o a sus escasísimas posibilidades de progreso personal.


Antes de la asamblea de proposición de candidatos a delegados y diputados del Poder popular, el núcleo del Partido de cada circunscripción electoral deberá reunirse en secreto para escoger los candidatos "idóneos" (por su sumisión al régimen) para que sean propuestos por distintos militantes bajo la apariencia de iniciativa personal de los mismos. Sin embargo, todo el mundo sabe en la asamblea que son las propuestas del Partido y nadie se atreverá a contradecirlas.


Puede que haya un resquicio en el sistema electoral gracias al cual una asamblea aproveche el método de mano alzada para aprobar un candidato que no sea del agrado del Partido. Esto no es gran problema. El núcleo del Partido y el delegado del Ministerio del interior se encargarán, muy en privado, de hacerle "una proposición irresistible" al candidato no deseado para que renuncie a su candidatura, la cual aceptará este sin discusión.


El segundo paso de las elecciones de delegados y diputados al poder popular es la divulgación pública de las biografías de los candidatos. Estas se pondrán a la vista en cada lugar público de la circunscripción correspondiente


Se entiende que los delegados a las asambleas municipales y provinciales del poder popular deberían velar por los intereses de sus electores, más aún, si son los diputados a la Asamblea popular, el órgano legislativo de la nación. Es por ello que la información sobre los candidatos debería detallar sus respectivas plataformas políticas. Sin embargo, desde su creación en 1976, ningún candidato jamás ha dicho una palabra a sus electores sobre sus propósitos al ser elegido.


Ningún candidato a diputado de la Asamblea nacional jamás ha mencionado siquiera la intención de proponer o vetar una ley en beneficio de su electorado.


La información que recibe el electorado sobre un candidato al poder popular se refiere exclusivamente a la incondicionalidad del mismo a la revolución, al Partido y al Comandante en jefe. Eso es lo que se mide a la hora de su elección. Sólo eso.


A la larga, todos los cubanos saben que es completamente indiferente a quién se elija. Siempre serán propuestos y "elegidos" aquellos candidatos que respondan sin discusión a los mandatos del Partido antes que a los intereses de sus electores.


Finalmente, llega el día de las elecciones. Estas se realizan los domingos para que puedan acudir la mayoría de los votantes.


El colegio electoral se sitúa en la casa de algún militante del Partido de la circunscripción arreglada para semejante ocasión.


Es práctica general que los militantes del Partido de la circunscripción acudan a las casas de los votantes morosos y los escolten "amablemente" a los colegios electorales para obtener el índice de asistencia requerida por los órganos partidarios superiores.


Una vez en el colegio, el votante es recibido por la mesa de la comisión electoral local, la cual asienta en una lista su nombre con su número de carnet de identidad, documento obligatorio en Cuba y le entrega la boleta de elección.


La boleta sólo tiene los nombres de los candidatos con una casilla al lado donde se debe marcar el candidato "preferido"


Al recibir la boleta, el votante debe entrar en un recinto hecho con mamparas improvisadas con una cortina en la entrada para "asegurar" la privacidad al momento de llenar la boleta.


Muchos votantes, para cumplir con la formalidad, marcan la casilla del primero que encuentran. Otros, más arriesgados, las marcan todas o no marcan ninguna o, simplemente, marcan más de lo solicitado para que la comisión anule la boleta si muchos problemas. Los más osados escriben lo que se les ocurre, desde garabatos, hasta consignas contra el gobierno e insultos soeces.


Al salir del recinto cerrado, el votante se dirige a la urna electoral, escoltada por dos niños en uniforme escolar con la pañoleta de pionero comunista, donde introduce su boleta doblada.


Al final de la jornada electoral, la Comisión electoral de la circunscripción –integrada por militantes del partido de la zona- abrirá ante testigos –otros militantes de la zona- la urna electoral y comenzará el conteo de votos. Sólo se tomarán en cuenta las boletas que marquen la cantidad de candidatos establecida. El resto, serán declaradas anuladas. El presidente del colegio electoral simulará la lectura del conteo de votos.


En los días del maleconazo de 1994 cuando la mayoría del pueblo esperaba la caída del régimen castrista y llenaban las boletas electorales de consignas contrarrevolucionarias e insultos soeces, las cifras siempre resultaban favorables para el gobierno. Esto sólo se lograba adulterando las cifras desde el mismo colegio electoral de la circunscripción. Sin embargo, poco importan las cifras de un colegio aislado.


Lo importante para la propaganda castrista son las cifras globales-


Las verdaderas cifras de los resultados electorales circularán secretamente por los canales internos del partido con carácter de secreto de estado. Sin embargo, si las cifras son muy chocantes para el Comandante en jefe, las instancias inmediatamente inferiores las adecuaran al estado de ánimo de este.


Al final de todo el proceso electoral, las cifras de las elecciones siempre demostrarán un apoyo popular aplastante al régimen y los delegados y diputados serán indefectiblemente ultraoficialistas. Esto regocija siempre los amantes del gobierno de Fidel Castro, sobre todo extranjeros, quienes nunca dudarán de cantidades de participación y aprobación popular que exceden en mucho las de los verdaderos países democráticos, demostrando la "superioridad" de la "democracia socialista" sobre la "capitalista".


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*Ver en este blog el comentario del 27 de abril de 2010 OMNIPOTENCIA Y OMNISCIENCIA DEL PARTIDO COMUNISTA

Tuesday, May 11, 2010

EL FRAUDE DE LA 12ª REPÚBLICA DE CUBA



Como ya hemos dicho*, en el mes de enero de 1972, Fidel Castro, tras soportar en Moscú una de las humillaciones más graves de su vida, regresó a Cuba con la encomienda de transformarla en colonia soviética. Esta era la condición sine qua non para recuperar el subsidio ruso que había perdido por su incapacidad para cumplir con los compromisos contraídos con la URSS a principios de los 60.


Para consumar las exigencias del Kremlin, en primer lugar, Fidel Castro debía establecer una constitución semejante a la soviética, con la previa restructuración del partido, la verdadera estructura del poder comunista, como ya hemos explicado**.


La instauración de una constitución foránea en Cuba era harto complicada para Fidel Castro.


Generalmente, las revoluciones son producidas por grandes catástrofes económicas y sociales. En cambio, la revolución cubana de 1959 se produjo en los momentos del mayor auge económico que jamás haya experimentado la Isla.


El principal motivo de la revolución contra la dictadura del general Fulgencio Batista consistía en que este había derribado la 9ª República - instaurada por la Constitución de 1940- con su golpe de estado de 1952.


La constitución de 1940 era considerada como la más avanzada del mundo y el resultado supremo de las 8 repúblicas cubanas anteriores, a saber, las 4 repúblicas en armas contra el colonialismo español, 1 autonomista, 1 intervenida por los norteamericanos y las 2 surgidas durante el llamado período republicano. Sin embargo, ello era pura mitología política inventada por los opositores del gobierno de facto de Batista. En realidad, los tres gobiernos que rigieron bajo la 9ª República (entre los que se contaba un término presidencial del propio Batista apoyado por los comunistas) fueron harto corruptos y, permitieron una violencia política sin precedentes en la Isla.


Fulgencio Batista había instaurado su odiada 10ª república por medio de un golpe de estado y la imposición de la Ley constitucional de 1952, con la que derogó la Constitución de 1940 y muchos de los derechos civiles. Ello provocó la ira de todas las tendencias políticas opositoras que deseaban el retorno a la república precedente. Es en esta lucha que Fidel Castro se destaca como el líder indiscutible de los propósitos nacionales. Sin embargo, una vez en el poder, Castro pondrá todos los obstáculos posibles para evitar la reinstauración de la Constitución de 1940, aprovechando el desmantelamiento de las instituciones democráticas por el gobierno de su predecesor.


A poco más de un mes del triunfo revolucionario, Fidel Castro aceptará la instauración de la 11ª república provisional a través de la Ley fundamental de 1959. Este era un pretendido paso previo a la reinstauración de la derrocada 9ª República. Sin embargo, Castro tenía otros planes bien distintos.


Desde su ascenso al poder, Fidel Castro provocó continuas turbulencias políticas debidas a las confiscaciones masivas de propiedades -disfrazadas de profundas medidas populares- y al meteórico diferendo con los EE.UU., camuflado por el extremismo nacionalista. Estos le permitieron lanzar la oportunista consigna de "¿Elecciones para qué?" bajo la justificación de que los enemigos del pueblo y la Patria utilizarían las campañas eleccionarias y las urnas para subvertir la revolución.


Durante 13 años, Fidel Castro prohibió mencionar siquiera la Constitución de 1940, elecciones, división de poderes, asamblea constituyente, parlamento o cualquier otra cosa que atentara contra su poder unipersonal absoluto. No fue hasta su regreso de Moscú en enero de 1972 que habló de la necesidad de una nueva constitución.


Para enmascarar el hecho de que debía imponer al país una copia de la constitución soviética, Castro crea una comisión de "estudios jurídicos" con el pretendido propósito de "buscar las bases para redactar una nueva constitución". Para endulzar la píldora, al frente de la misma pondrá a Blas Roca, uno firmantes de la mítica constitución del 40.


Blas Roca era un personaje de absoluta ambigüedad política. Antiguo secretario general del Partido Socialista Popular, siguiendo las órdenes del KOMINTERN, había apoyado indistintamente a Fulgencio Batista y a Fidel Castro, además de haberle entregado a este último el partido comunista en forma inconsulta. Ello trasgredía todas las reglas y estatutos del viejo partido comunista lo que provocó no pocos disgustos y conflictos entre muchos de sus dirigentes y militantes.


El 22 de octubre de 1974, el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros y el Buró Político del Partido Comunista de Cuba –que estaban constituidos casi por los mismos miembros- adoptaron crear una comisión mixta del Partido y del Gobierno –el mismo perro con dos collares distintos- con el objetivo de preparar y redactar un anteproyecto de constitución. Al frente de la misma, estará nada menos que el mismo camarada Blas Roca, que, por demás, estaba muy lejos de ser, no ya abogado, sino ni siquiera amanuense de juzgado.


Sin mediar asamblea constituyente alguna - donde los representantes populares discutieran el cuerpo de la nueva ley fundamental- la "comisión redactora" le entregará, con la solemnidad de los grandes fraudes, el anteproyecto de constitución al Comandante en Jefe. Este, con la misma rimbombancia, ordenará su "discusión" popular inmediata.


Según los órganos de propaganda del régimen cubano, durante el proceso de discusión pública del anteproyecto de constitución socialista, participaron 6.216.981 personas que propusieron 12.883 modificaciones, 2.343 adiciones de contenido constitucional, así como 84 solicitudes de aclaraciones. Para un documento de escasas 40 páginas, todo ello lo hubiera cambiado radicalmente. Sin embargo, el proyecto de Constitución socialista saldrá de este proceso casi intocado, con el cambio esporádico de una que otra frase intrascendente para darle un toque tropical y nacionalista al gélido tono siberiano de la constitución soviética.


El 29 de diciembre de 1975, en las conclusiones del Primer Congreso del Partido, se darán a conocer los "resultados" de la "discusión pública" del anteproyecto constitucional y se promulgará la Ley No. 1299, según la cual, este se sometería a la aprobación popular en un Referéndum nacional a realizarse el 15 de febrero de 1976.


A partir del momento en que se llamó al Referendo Nacional para aprobar la Constitución socialista, la comisión del miedo, a través del departamento de contrapropaganda de seguridad del estado, comenzó a propalar rumores en forma subrepticia entre la población. Uno de los rumores más intimidantes consistía en afirmar que las urnas que se utilizarían para el referendo estaban preparadas para que las boletas cayeran en el mismo orden que las listas en que se anotarían los participantes, de forma que se pudiera determinar quiénes votaron a favor y quiénes no. El otro rumor era que la ausencia a las urnas sería informada inmediatamente al centro de trabajo o de estudios de los ciudadano en cuestión, lo que perjudicaría su carrera laboral o profesional de forma inapelable eirreversible.


No es desconocido que la comisión encargada del referendo había sido designada por el Partido y estaba integrada por varios de sus dirigentes. Cada uno de los colegios donde se establecieron las urnas estaba dirigido por los núcleos del partido locales, los cuales estaban encargados de velar el proceso y contar los votos. De igual forma, los canales de la información de los conteos locales a las instancias nacionales, también eran del Partido. Como, para el partido, la prioridad es la propaganda, es lógico que las cifras informadas por sus órganos –absolutamente inverificables para cualquiera que no se halle en sus más altas esferas- sólo estén de acuerdo a sus propósitos propagandísticos. Por demás está decir que, en Cuba, ninguna instancia inferior se atreve a enviar a las superiores información alguna que pudiera disgustar al Comandante en jefe so pena de sufrir las consecuencias.


Finalmente, el 24 de febrero de 1976, en acto solemne y público celebrado en el Teatro "Carlos Marx" en la ciudad de La Habana, fue proclamada la Constitución socialista de la 12ª República Cubana.


En el acto de proclamación constitucional, se informó que, de un total de 5.717.266 electores, ejercieron el voto 5.602.973 para un 98% de asistencia a las urnas. De los mismos, 5.473.534 dijeron "sí", o sea un 97,7% de los que votaron, y 54.070 dijeron "no", el 1%. Asimismo, 44.221 votaron en blanco (el 0,8%) y hubo 31.148 boletas anuladas (el 0,5%). No ejercieron su derecho al voto 114.293 electores (el 2%). Una democracia tan perfecta y tan paradigmática no puede menos que levantar sospechas.


Con la "aprobación" de la 12ª República de Cuba pareciera que Fidel Castro, el máximo adalid de la independencia y el nacionalismo en Cuba, había logrado su cometido de entregarle la Isla en forma incondicional a los rusos. Sin embargo, este debería enfrentar, a pesar de su control total sobre el país, el acto que más había temido en toda su vida: ser ratificado por una votación nacional como máxima figura del país. Para ello, recurrirá a uno de los capítulos más oscuros –que no son pocos- de su vida política


*Ver en este mismo blog el comentario del 21 de abril del 2010, "Democracia a lo Soviético".


**Ver el comentario "Omnipotencia y omnisciencia del Partido Comunista" del 27 de abril de 2010 en este mismo blog.

Thursday, April 29, 2010

LA SOVIETIZACIÓN DE CUBA Y LA GUERRA DE ANGOLA



En el comentario anterior fue dedicado a describir la estructura y el funcionamiento del Partido Comunista en los países del bloque soviético para, a continuación, explicar las estructuras y el funcionamiento del gobierno comunista. Dichas estructuras persisten en Cuba en su forma prístina a pesar de que los que se la impusieron a Fidel Castro han desaparecido hace casi 20 años. Sin embargo, antes de embarcarnos en semejante explicación, es preciso relatar todas las manipulaciones de Fidel Castro para implantar semejantes estructuras en Cuba, que terminará en uno de los episodios más oscuros y trágicos de la historia de Cuba.

Como ya dijimos, el segundo paso de Castro para implantar la sovietización de Cuba fue la remodelación el Partido a imagen y semejanza del resto de los partidos comunistas del COMINTERN. Brezhnev, con la amenaza de retirar el subsidio soviética al gobierno de Fidel Castro, logró convertir a este, de némesis de los partidos comunistas en América latina y África, en su fiel y querido camarada.


Fidel Castro llamará a la realización del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba en diciembre de 1975, a 10 años de su creación. Para su celebración, Castro utilizó su llamado departamento de "contrapropaganda", es decir, su maquinaria secreta de divulgación de rumores entre la población, para levantar expectativas de que el congreso iba a representar un salto significativo en el mejoramiento de las condiciones de vida. Sin embargo, como era lógico, todas aquellas discusiones y discursos interminables estaban dirigidos a ocultar la implantación de las estructuras estalinistas sobre toda la sociedad cubana y hasta en los más remotos rincones de la Isla, expandiendo y profundizando en forma absoluta el poder dictatorial de Fidel Castro. Es por ello que, a pesar de que la sovietización le fue impuesta en forma humillante, este jamás se despojará de la misma.


Ahora bien, lo que nunca comprenderían los soviéticos fue que intentar el control sobre Fidel Castro era igual que tomar a un tigre por la cola. En la década de los 60, cuando Nikita Jruchov tomó al joven Castro bajo su égida, subsidiando totalmente su gobierno, este jamás había aceptado las reglas del COMINTERN. Desde un principio retó los dogmas de la ideología marxista leninista del Partido comunista soviético. Así, promovió en la Isla toda una serie de conversatorios y conferencias de todas las tendencias antisoviéticas del marxismo y el radicalismo internacional. Por otra parte, se embarcó en todo tipo de aventuras políticas, contrarias a la política de "coexistencia pacífica" soviética y de los partidos comunistas de los países del tercer mundo. Así, promovió movimientos terroristas en toda América latina, África y Asia, ignorando y hasta combatiendo los partidos comunistas del COMINTERN soviético.


Cuando todo parecía ya bajo control en la Isla, tres meses antes de la celebración del primer congreso partidista en Cuba, un contingente cubano aterrizará en el aeropuerto de Luanda, la capital de Angolana, iniciando una guerra que arrastrará a los soviéticos a una cadena de aventuras internacionales que terminarán conociéndose como la "política Brezhnev".


Fidel Castro es incapaz de aceptar el papel de simple gobernador de una provincia colonial soviética. Su protagonismo es incapaz de contenerlo el globo terráqueo. Su intervención en el conflicto angolano fue el vehículo de escapar a tan vergonzoso destino.


Nadie sabe la razón de la aventura militar de Fidel Castro en África ni cómo convenció a los soviéticos para que lo secundaran. El pretendido sirviente había embarcado a sus señores en una aventura con ninguna posibilidad de triunfar.


Los grandes beneficiarios de la guerra angolana no fueron ninguno de sus protagonistas. Los angolanos de todos los bandos pusieron los muertos y el desastre económico y social de su país que sólo ahora, poco a poco, al cabo de 20 años, han comenzado a superar muy lenta y gradualmente. Tampoco, la intervención cubana en Angola tuvo ni remotamente nada que ver con la caída del apartheid en Sudáfrica como nos han querido vender. Mucho menos significó ganancia alguna para la URSS ya que drenará gran parte de sus recursos y los conducirá, a la larga, a su desmoronamiento.


El pueblo cubano será uno de los peores perjudicados de los 13 años de guerra angolana, de la que sacó varios miles de muertos, heridos y mutilados, amén de la inutilización durante todos esos años de gran parte de sus recursos materiales y humanos.


Paradójicamente, los inmediatos beneficiarios de la guerra de Angola fueron los enemigos de la revolución, el socialismo, y la URSS, es decir, los norteamericanos, más específicamente, los grandes intereses petroleros angloamericanos. Estos aún dominan el subsuelo de Cabinda. En esta provincia angolana, se produjo una de las batallas más cruentas que protagonizaron los cubanos, quienes ofrendaron cientos mártires y verdaderas muestras de heroísmo al pie de los pozos de petróleo de la Standard Oil, la Shell y la Texaco.


No se sabe aún cómo Fidel Castro logró engatusar a los soviéticos de forma tal que, tras la celebración del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba y el comienzo de la guerra africana, el primero de mayo de 1976, el Kremlin le condonara completamente la deuda de Cuba. Esta fue una de las mayores victorias del gran estafador cubano, quien recuperó su protagonismo político internacional a pesar de aparentar la absoluta subordinación a los designios del Kremlin.


En 1976, pesar de sus victorias personales, Fidel Castro tenía aún que conjurar uno de sus mayores demonios: cómo convencer a buena parte de sus compañeros y afectos para que aceptaran la imposición de una constitución de corte soviético cuando él se había negado renuentemente a reinstaurar la Constitución de 1940. Este había sido motivo principal de la revolución que, liderada por él, había triunfado en enero de 1959. Como veremos en el próximo comentario, logar la aceptación general de la constitución socialista fue una de las historias más oscuras del gobierno de Fidel Castro.

Tuesday, April 27, 2010

OMNIPOTENCIA Y OMNISCIENCIA DEL PARTIDO COMUNISTA



(Este comentario lo escribí pensando especialmente en todos mis amigos venezolanos.)


Al reportar las pasadas "elecciones" del domingo 25 de abril desde La Habana, las agencias de noticias France Press y la española EFE repiten como papagayos los clichés propagandísticos de los órganos de propaganda castrista:


En Cuba, el único partido político autorizado es el Partido Comunista (PCC), que no postula oficialmente candidatos en esta elección, pero supervisa el proceso y se asegura de que ningún opositor resulte elegido.


Además, no hay campañas proselitistas y los candidatos a concejales, encargados de atender problemas cotidianos de la población, son propuestos en reuniones de vecinos a mano alzada.



(http://www.elnuevoherald.com/2010/04/25/704640/arremetida-contra-eeuu-y-la-oposicion.html#ixzz0mDsKidDthttp://www.elnuevoherald.com/2010/04/25/704640/arremetida-contra-eeuu-y-la-oposicion.html)




Ninguna de estas agencias ha tenido la decencia de gastar ni una neurona en estudiar de la forma más superficial el verdadero rostro de las instituciones políticas cubanas.


Con estos amigos, para qué queremos enemigos.


En Cuba, no hay separación de poderes. Peor aún, todos los poderes son uno mismo, como la divina trinidad cristiana. Ello lo garantiza el Partido Comunista.


Para comprender cómo funciona el sistema electoral y el gobierno cubanos, es preciso saber primero cómo funcionan las estructuras ideológico políticas en Cuba.


En el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba -realizado en diciembre de 1975-, se ofreció públicamente el diseño del proceso de la sovietización de Cuba. En primer lugar, el Partido comunista cubano sería remodelado a imagen y semejanza del Partido Comunista de la Unión Soviética. Este fue el segundo paso de Fidel Castro para la entrega del país a los soviéticos después de su rendición ante el Kremlin en enero de 1972.


El Partido de los países comunistas es generalmente incomprensible para las personas que viven en las naciones de corte occidental. En realidad, no es un partido político propiamente dicho sino la estructura central, el esqueleto y la médula de los gobiernos comunistas

Karl Marx había soñado con un partido que incluyera a todos los obreros del planeta, su querida Internacional.


Lenin, que tanto combatió el revisionismo, revisará, en cambio, entre otras muchas cosas del marxismo, la organización de los comunistas. En vez del partido de todos los trabajadores, lo que le daría un carácter inclusivo, el partido bolchevique (palabra rusa que significa paradójicamente la mayoría) se reducía a la agrupación exclusiva de la "vanguardia" de la "clase obrera". Esta no era otra cosa que una organización de agitadores y terroristas. Semejante concepción la aprovechará Stalin posteriormente para convertir al Partido Comunista en su principal instrumento de dominación autocrática.


Stalin convertirá al partido comunista de agrupación político propagandística en una estructura gubernamental. Esta abarcará y se infiltrará en los más remotos resquicios de la vida social del país. Ni el más oscuro rincón escapará a los tentáculos del Partido Comunista en sus más diversas apariencias, desde institución gubernamental, medio de comunicación, etc. hasta organización "no gubernamental", religiosa, cultural, de entretenimiento y cualquier otra forma de asociación humana posible. El partido comunista, así, se transformará en la más perfecta maquinaria de control social que jamás haya existido en la historia humana. Ningún déspota u oligarquía ni teocracia había logrado jamás un control tan extenso y profundo de la sociedad y de cada uno de sus integrantes individuales.

La estructura visible del Partido Comunista es simple pero engañosa.


Las organizaciones comunistas de base son los núcleos del partido organizados en cada centro de trabajo y estudio, así como en cada comunidad del país, por más insignificante o aislada que sea.


Teóricamente, el máximo órgano de dirección del Partido es su Congreso. Este es la reunión de los delegados de todas las organizaciones de base del partido. En la misma, a través del "centralismo democrático", se deberían elegir por votación directa los integrantes del Comité Central y del Buró político, así como aprobar los estatutos y el programa del partido, y toda una serie de tesis y propuestas para el "mejoramiento" de la sociedad socialista.


Como convocar el Congreso del Partido es tan costoso, los estatutos de los partidos del COMINTERN establecían que este debería reunirse cada 5 años.


Durante los períodos en que el Congreso no estuviera sesionando, lo representaría el Comité central. Este debería reunirse varias veces en el año para verificar el cumplimiento de los acuerdos del Congreso partidista. Y, finalmente, en los periodos en que el Comité Central, a su vez, no estuviera reunido, el Buró Político fungiría como su representación permanente.


Según la teoría marxista leninista estalinista, la estructura del partido parece altamente democrática. Sin embargo, todo no es más que una fachada bien elaborada para ocultar el profundo carácter dictatorial y antidemocrático de los partidos comunistas en el poder.


En la práctica de los gobiernos comunistas, todo está de cabeza con respecto a la "teoría" marxista leninista del partido.


La estructura de un país comunista se construye a imagen y semejanza a la del Partido único dominante. Esta es una construcción perfectamente piramidal. En su cúspide, está el Buró político, sede del máximo líder (bajo la investidura de secretario general del partido) y sus secuaces más cercanos, desde donde dimanan todas los decretos que deberá cumplir el resto del país.


El papel del Congreso del Partido es ratificar al secretario general en su puesto en forma vitalicia haga lo que haga y ocurra lo que ocurra, así como justificar ideológicamente cada una de sus arbitrariedades.

El Comité Central del partido no es el representante del Congreso del partido sino la maquinaria de dominación del buró político.


El Comité central del Partido agrupa a todos los funcionarios del Estado, los mandos superiores del ejército y el ministerio del Interior, y a los dirigentes de todas las instituciones y organizaciones sociales consideradas como no gubernamentales, desde laborales hasta religiosas, pasando por las deportivas, culturales, femeninas, deportivas, de entretenimiento, en fin, todas las agrupaciones organizadas o toleradas por el gobierno.


Todos los integrantes del Comité Central del Partido son simultáneamente integrantes de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del estado. Como veremos en próximos comentarios, los mismos serán sistemáticamente "elegidos" por el "pueblo" para tales cargos. De este modo, la separación de los poderes del estado es ficticia ya que están subordinados absolutamente a los designios de la cúpula del partido.


A través del Comité central, el poder del Partido se superpone al resto de las instituciones económicas, sociales, políticas, culturales, ideológicas y en apariencia no gubernamentales.


Si, desde la cúpula, los altos órganos del partido dirigen, controlan y reprimen toda la actividad social en general, las organizaciones de base son el largo brazo del partido para administrar, vigilar y reprimir cada uno de los individuos y las actividades singulares ordenadas y permitidas por las más altas instancias.


Nada se mueve en el país si no es ordenado o tolerado por el Partido.


Existen fuertes motivaciones para que, en un país comunista, haya multitud de individuos que acepten ser una tuerca de esa gran maquinaria de control y represión social que es el partido.


En los países comunistas la miseria, las carencias, las vicisitudes y las frustraciones son el instrumento básico de control de la sociedad. Para aliviarlas o evadirlas, el individuo debe hacerse de una carrera profesional, laboral, militar o política y progresar socialmente para acceder a las prebendas que recibe la clase de los burócratas, los mandos militares y los dirigentes políticos


La única manera de lograr un "status" soportable y hasta acomodado es pertenecer al Partido. De lo contrario, el individuo tiene está condenado a vegetar en la mediocridad y la pobreza más intolerable y desesperanzada. También, tiene la opción de convertirse en un delincuente pero esta opción significa vivir perennemente con la espada de Damocles sobre su cabeza de dar con huesos en el sistema penal medieval de los países comunistas y sufrir el estigma del "antisocial" por el resto de su vida.

Sin discusión, no hay tiranía más perfecta y eficiente que la del partido marxista leninista.

Es por ello que, pesar de que los soviéticos obligaron a Fidel Castro a imponer las estructuras estalinistas de poder en Cuba en enero de 1972, el Comandante en jefe no se ha deshecho de las mismas aún cuando la URSS haya desaparecido hace 20 años. Estas estructuras le han sido harto útiles a Castro para eternizarse en el poder, incluso en el estado de senilidad y depauperación total en que se encuentra en la actualidad.