Sunday, December 21, 2014

LA PRECIPITADA RECONCILIACIÓN ENTRE WÁSHINGTON Y LA HABANA



El acontecimiento –eternamente ansiado, casi como una quimera imposible- ocurrió cuando menos se lo esperaba.

El pasado 17 de diciembre, día demasiado señalado para el folclore cubano, Barak Obama, presidente de los Estados Unidos de América, y Raúl Castro, presidente del Consejo de Estado y de Ministros, primer secretario del Partido Comunista de Cuba y jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, anunciaron simultáneamente, desde sus respectivas capitales, el reinicio de las relaciones entre ambos gobiernos.

Las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba habían estado interrumpidas durante casi 54 años, desde el 3 de enero de 1961. El entonces presidente Dwight D. Eisenhower había decidido cerrar la embajada norteamericana en la Habana a raíz de la firma del tratado comercial ente Fidel Castro y la URSS.

El anuncio ocurrió por sorpresa, como la explosión del Maine, el hundimiento del Lusitania, el ataque a Pearl Harbor, los sucesos del Golfo de Tonkín o el asalto tipo kamikaze a las Torres Gemelas.

Claro, para un observador avispado, esto se veía venir.

Durante el último año y medio, desde junio del 2013, ha habido intensas y no tan secretas negociaciones entre la Habana y Washington por mediación del Vaticano –bajo la égida de un papa latinoamericano afecto a la Teología de la Liberación- y Canadá, eterno “amigo” económico y político del régimen castrista.

En el ínterin, el gobierno de Estados Unidos eximió al de Cuba de la lista de países que promueven el terrorismo.

El 20 de mayo de este año, una carta de las personalidades más influyentes en EE.UU. le pidió al presidente Obama aliviar las relaciones con Cuba. Al frente de los firmantes, se encontraba David Rockefeller –uno de los más importantes diseñadores del mapa político y económico mundial- que, a sus casi 99 años, parece continuar liderando del círculo de financieros y políticos que diseñan la economía mundial desde el Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreing Relations o CFR), el “think tank”” más influyente del mundo, la Reserva Federal, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el grupo Bilderberg, la Comisión Trilateral y otras. (En este blog, hemos intentado investigar la larga y estrecha relación entre Fidel Castro y David Rockefeller.)

Recientemente, varios editoriales del New York Times sobre Cuba auguraban que algo gordo se estaba cocinando en la trastienda política

Y, de pronto, sin vaselina ni saliva, el anuncio simultáneo de Obama y Raúl, con afectuosa y extensa llamadita telefónica entre ambos, mediante.

Ahora bien, ¿Por qué ha sido tan atropellado el anuncio simultáneo del restablecimiento de relaciones diplomáticas?

Todo ha ocurrido como si ambos presidentes se apresuraran a evitar que alguien se interpusiera y desconcentrar a todos los involucrados históricamente en la cuestión cubana. Además, ¿por qué precisamente hora?

Desde el punto de vista más inmediato y superficial, una de las hipótesis más racionales sobre esta decisión precipitada del presidente Obama sería, primero, que este deseara adelantarse a la primera sesión del 114o Congreso de los Estados Unidos el próximo 3 de enero del 2015, dominado por una mayoría Republicana el cual hubiera entorpecido cualquier decisión presidencial.

Se podría aducir que Obama habría tenido tiempo suficiente para haberlo anunciado con antelación. Sin embargo, lo que ambas partes parecen haber estado esperando era el acontecimiento que diera luz verde al restablecimiento de relaciones diplomáticas. Me refiero a la muerte de Fidel Castro o, al menos, su caída definitiva en un coma irreversible.

Estoy absolutamente seguro que el ego metagaláctico del Comandante en Jefe y la importancia hipertrascendental que siempre le ha dado a su “prestigio”, “carísima” e “intransigencia” jamás le hubieran permitido en vida aceptar una reversión de aquello a lo que dedicó su carrera política en pleno, es decir, a la perpetuación del enfrentamiento entre el minúsculo David isleño y el “Goliath” del “Imperialismo” global norteamericano, el mayor enemigo que jamás nadie haya enfrentado. Sin embargo, ello no significa que creamos que Fidel haya sido efectivamente un revolucionario nacionalista, comunista y antimperialista honesto, consecuente e intransigente hasta la tumba, al modo de un Amadís de Gaula, un Cid Campeador o un San Jorge según el hispano sentimiento de hidalguía, perviviente en el espíritu de los cubanos.

La sicología del dictador, demostrada durante toda su longeva ejecutoria política, marcada por una autoegolatría, un egocentrismo y una hiperautoestima desmedidos no le permitirían jamás admitir lo que siempre fue. Fidel Castro jamás dejó de ser un matón mafioso que encontró la forma de trascender los círculos locales y nacionales al convertirse en agente provocador internacional al servicio de los poderes de dominación global. En consecuencia, Fidel Castro es el peor traidor de cuanto ha pretendido defender en su vida.

Fidel traicionó a sus movimientos políticos originarios –el Partido Revolucionario Cubano Ortodoxo y el Movimiento 26 de Julio- al confabularse con los agentes de Moscú del Partido Socialista Popular. Traicionó la revolución cubana, cuyo objetivo era la reinstauración de la democracia y el estado de derecho en Cuba, convirtiéndola en la peor y más longeva tiranía de toda América Latina. Traicionó a su patria, entregándosela, a los soviéticos. Para todo ello, destruyó a su país, su naturaleza, su infraestructura, su economía, sus instituciones y tradiciones, sumiendo a su pueblo en la mayor miseria y el peor estado de esclavitud.

Ahora bien, ¿por qué querría Obama restablecer las relaciones con Cuba? ¿Cuál es la urgencia? ¿En qué reside su perentoria necesidad?

Cuba es el país más empobrecido e improductivo del hemisferio occidental.

Para Estados Unidos y su gobierno, Cuba no tiene significado económico ni político ni militar alguno. Hace mucho que dejó de ser la apariencia de una amenaza para la seguridad interna norteamericana. Quizá, ahora, el único obstáculo para un éxodo masivo de cubanos a Estados Unidos sea el depauperado régimen castrista, pero ello siempre ha sido así y no es necesario restablecer las relaciones diplomáticas ni levantar el bloqueo para mantenerlo de esa forma.

Es cierto que varios presidentes norteamericanos antes que Obama exploraron la posibilidad de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba y levantar el embargo sobre el comercio con la Isla. También es cierto que, cada vez que un presidente norteamericano hacía algún gesto en tal sentido, Fidel Castro hacía una de las suyas para corroborar la imposibilidad de una negociación al respecto. ¿Por qué no ocurriría esta vez igual?

Nada ha cambiado en Cuba, sobre todo, bajo el “mandato” de Raúl Castro.

Las llamadas “reformas” del ”gobierno” de Raúl Castro no han ido más allá de revivir las antiguas “aperturas” de su hermanazo de los ochenta y los noventa, cuando permitió el trabajo por cuenta propia, los mercados “libres” campesinos y el mercado de artesanos en la Plaza de la Catedral y otros lugares. Lo único extraordinario ha sido la pretendida autorización de ventas de casas y autos. Sin embargo, esta no es una reforma en sí, sino una jugada de engaño. El único en Cuba que tiene todos los recursos para restaurar legamente grandes mansiones y autos de colección es el gobierno. Así, el propio gobierno puede vender costosos inmuebles y autos de colección a través de sus agentes encubiertos que funjan como “propietarios privados”, dando así una apariencia de apertura.

Aunque Cuba ha sido borrada de la lista de países que promueven el terrorismo y ha disminuido su influencia en África y el Medio Oriente, el gobierno de los Castro sigue desestabilizando países en América Latina, influyendo en los gobiernos de Nicaragua, Honduras, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, no sólo en su agresión a sus propios pueblos, sino sobre todo en la oposición de estos a Estados Unidos. Tampoco ha dejado de apoyar a los movimientos narcoterroristas de Colombia y, no dudarlo, otros países, como cuando era su cabeza directriz para toda América Latina, África y el Medio Oriente.

Por otra parte, los mismos que aún gobiernan Cuba representaron una amenaza mayor para Estados Unidos que Vietnam, Iraq, Irán, Corea del Norte, Al Qaeda y el llamado Estado Islámico. Cuba fue el único país que amenazó a EE.UU. con un ataque nuclear y ayudó a desestabilizar toda América Latina y buena parte de África y el Medio Oriente. El régimen cubano inundó, además, Estados Unidos de espías al servicio de todos los enemigos de este país.

El régimen cubano sigue siendo un gobierno diseñado acuciosamente para evitar el establecimiento de la democracia, el estado de derecho y la sociedad civil, y contra los derechos individuales, civiles y humanos. La única forma de hacerlo ha sido a través de la destrucción de todas las relaciones e instituciones económicas, sociales, democráticas y no gubernamentales del país. Ello ha conllevado la destrucción total de su economía, recursos naturales, tecnología, infraestructura, tradiciones, etc. La economía centralizada ha conducido a la desaparición de toda la actividad industrial, agrícola y comercial de la Isla, algo en lo que el pretendido embargo norteamericano no ha influido en nada.

A contrapelo de quienes consideran la crisis económica permanente de la Isla como el mayor “fracaso” del régimen, en realidad, ello es su más alto logro.

El gobierno castrista ha seguido estrictamente los lineamientos estalinistas básicos de mantener en la situación más paupérrima a la población para garantizar su completa dependencia económica, política e ideológica del estado. Es decir, que con el desastre económico nacional, el gobierno de los Castro impuso un régimen de esclavitud generalizada perfeccionado en Cuba, al estilo de la Unión Soviética de Stalin, la China comunista de Mao Zedong, La Norcorea de Kim Il Sung, el Viet Nam de Ho Chi Min y la Cambodia del Khmer Rojo.

El pretendido “embargo” o “bloqueo” norteamericano tampoco ha influido en el colapso industrial e infraestructural de Cuba. Desde 1961, en que comenzó el subsidio soviético al gobierno castrista, hasta 1991, en que se “desmerengó” en comunismo, el bloque comunista envió a la Isla colosales cantidades de recursos financieros y tecnológicos para el desarrollo industrial e infraestructural del país. El gobierno de Fidel Castro dilapidó todos esos recursos en aventuras terroristas y propagandísticas en todo el mundo, dejando que se desintegraran enormes complejos industriales en los montes donde los abandonaron, cuando no, los revendían a países dirigidos por sus cómplices.

Hoy día, desde que desmanteló su industria azucarera, Cuba se ha transformado en un país que no produce absolutamente nada, aparte de insignificantes cantidades de cítricos, tabaco y ron que exporta gracias a su antiguo prestigio, ya que su calidad hace mucho que decayó totalmente con respecto a la época de su antigua gloria mundial..

El turismo se ha deprimido significativamente desde sus días de auge en los noventa, cuando anualmente visitaban la Isla dos millones de turistas de bajos recursos.

El gobierno de los Castro subsiste gracias a los subsidios de Venezuela –revendiendo buena parte del petróleo que le regala el gobierno semicolonial de chavista madurista-, Brasil, China, España, Rusia y los alimentos que compra directamente en Estados Unidos, cuya agricultura se halla altamente subsidiada en general por el contribuyente americano. Pero, esto no es nada nuevo, ya que el gobierno de Castro ha subsistido históricamente exprimiendo a sus compinches como ha hecho con la URSS, Angola, Chile, Nicaragua, Canadá, Venezuela, España, los narcoguerriilleros y los incautos inversionistas a los que se les ocurrió hacer negocios con Castro en los 90.

Por demás, el restablecimiento de relaciones llega en uno de los momentos más difíciles para la tiranía cubana.

El Estado benefactor protector ya había colapsado al producirse la caída de la URSS. Desde hace veinte años, el gobierno castrista es incapaz de ofrecer siquiera productos racionados, servicios públicos, médicos, educación, etc.

La caída del precio del petróleo ha puesto en aprietos a uno de sus puntales, la dictadura de Maduro en Venezuela, situación que se refleja con rudeza en la economía cubana.

La miseria y la desesperación del pueblo cubano parecen haber llegado al límite. La población demuestra cada día que ya no tiene nada que perder y ofrece un abierto rechazo al gobierno castrista.

La lucha de la disidencia interna se ha intensificado su actividad y la represión se ha recrudecido ostensiblemente.

Las salidas ilegales se han multiplicado, teniendo el gobierno que retomar los antiguos métodos de acometer las frágiles embarcaciones de los balseros en el mar a costa de la vida de los emigrantes, para que en EEUU no se piense que hay un nuevo éxodo masivo,

Es como si el gobierno de Obama quisiera tirarle un cabo salvador al asfixiado régimen de Castro en momentos de la desaparición del fosilizado líder de la revolución cubana, único puntal real del régimen cubano.

Entonces, si el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba ha sido un acto festinado y sin sentido, la noticia sólo me hace pensar –más bien me confirma- que el cuento del diferendo entre Estados Unidos y Cuba ha sido una de las mayores farsas políticas de la historia.


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